! Hola¡, ¿qué tal?, soy Bienvenido Ruiz y te digo:
Las pandillas en Haití no son entidades autopoiéticas; es decir, no surgieron de la nada ni son su propia génesis. Son el resultado de una combinación de factores políticos, económicos, sociales y de poder que es necesario identificar y enfrentar.
Por eso, las llamadas soluciones, como la Fuerza de Supresión de Pandillas que se plantea desplegar, deben analizarse a la luz de los resultados anteriores. La MINUSTAH, misión de estabilización de las Naciones Unidas, estuvo en Haití desde junio de 2004 hasta octubre de 2017. También se han impulsado otras iniciativas internacionales, como la MSS y la GSF; que no han logrado los objetivos planteados.
La pregunta fundamental es: ¿por qué, después de tantos años de intervenciones, Haití continúa atrapado en una crisis de inseguridad, pobreza y ausencia de autoridad estatal?
La intervención armada debe ir acompañada de interceptar también a los interesados que a su vez mantienen a las bandas, para contener la violencia y recuperar el territorios. Difícilmente podrá resolverse el problema de manera duradera si no se investigan y enfrentan sus causas profundas, las redes que sostienen a las pandillas y los intereses que pueden beneficiarse de la debilidad del Estado haitiano.
Surge una pregunta que merece una investigación seria: ¿existen actores, dentro o fuera de Haití, que públicamente promueven soluciones mientras sus intereses se ven favorecidos por la permanencia del desorden?, se trata de una posibilidad. hay que exigir transparencia e investigar los intereses involucrados y evitar que la ayuda internacional termine convirtiéndose en un negocio alrededor de la crisis.
Este es un aspecto que Nayib Bukele, en su esfuerzos para enfrentar el problema, debe valorar con especial atención. La experiencia demuestra que las operaciones de seguridad requieren objetivos claros, instituciones capaces y una estrategia que vaya más allá de la fuerza.
La intervención internacional no es una cooperación, es un compromiso y debe exigir conocer todos los intereses de quienes participan en ella.
En política internacional, las buenas intenciones son necesarias, pero no suficientes. Hay que examinar los hechos, los intereses y los resultados. Porque, en ocasiones, quien sonríe de frente no necesariamente comparte los propósitos.
Que la fe en Dios, la prudencia y la fuerza de la razón acompañen a quienes procuran una solución verdadera para Haití.

