ENTRE LA FE Y LA POLÍTICA

ENTRE LA FE Y LA POLÍTICA

Por: Ariel Romero

¿Qué estamos dejando de Mirar?

Hay momentos en que la política parece tener la capacidad de convertir cualquier asunto en el centro de la conversación nacional. Un día se habla de migración; al siguiente, un escándalo ocupa los titulares; mientras tanto, los problemas cotidianos siguen esperando respuestas.

El arroz, por ejemplo, no necesita una campaña mediática para convertirse en una preocupación nacional. Está presente en la mesa de millones de dominicanos y representa el trabajo de productores, comerciantes y familias que dependen de su producción y comercialización.

La reciente eliminación del régimen arancelario que protegía determinadas importaciones de arroz ha abierto un debate importante sobre el DR-CAFTA, la producción nacional y la seguridad alimentaria. El Gobierno ha prometido respaldar a los productores, pero la ciudadanía tiene derecho a preguntar cómo se garantizará esa protección y qué efectos tendrá la medida sobre los consumidores.

La migración también merece atención. La República Dominicana tiene derecho a aplicar sus leyes migratorias; Que están bien establecidas y muy claras, no como dicen algunos, necesitamos políticas migratorias mas claras, lo que se necesita es aplicarlas, el debate debe ir más allá de las imágenes, las declaraciones y las cifras que dominan las redes sociales. Una política pública debe evaluarse por sus resultados, su legalidad y su respeto a la dignidad humana.

Y cuando se habla de desempleo, que parece ser convertido en fantasma, del cierre de oficinas de líneas áreas, 180 desempleo surgen, otra pregunta: ¿qué sucede con el ciudadano que necesita un servicio, una respuesta o una solución? Las decisiones administrativas deben explicarse con claridad, porque detrás de cada institución hay personas que dependen de su funcionamiento.

Aquí es donde debemos detenernos a pensar. ¿Estamos prestando atención a todos estos asuntos con la misma intensidad o permitimos que el tema más viral desplace al que más afecta nuestras vidas?

No se trata de afirmar que existe una estrategia deliberada para distraer a la población. Se trata de reconocer que la agenda mediática puede cambiar rápidamente, mientras los problemas económicos y sociales permanecen.

Desde la fe, también debemos cuestionar nuestras prioridades. La verdad, la justicia y la

responsabilidad no pueden ser principios que defendamos solamente cuando favorecen nuestras posiciones políticas. Deben guiarnos incluso cuando nos obligan a cuestionar a quienes apoyamos.

La política necesita fiscalización, los medios necesitan responsabilidad y la ciudadanía necesita información para pensar, no solamente motivos para indignarse.

Porque mientras discutimos el escándalo de hoy, mañana tendremos que volver a comprar arroz, resolver nuestros trámites y enfrentar los problemas que nunca dejaron de existir.

La pregunta final es sencilla: ¿estamos siguiendo la conversación pública o estamos aprendiendo a pensar más allá de ella?

— Entre la fe y la política

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