LAS MATRACAS Y MARACAS DE LOS POLÍTICOS Y LOS MEDIOS

QUE EN BOLIVIA LA DEMOCRACIA NO NIEGUE LA DEMOCRACIA

Por Bienvenido Ruiz Lantigua.

Cuando el ruido sustituye al debate, la sociedad mira el espectáculo mientras el poder puede trabajar en silencio.

Una matraca es un instrumento sencillo: al girarla produce un sonido seco, repetitivo y persistente. En algunos lugares se utiliza durante la Semana Santa en sustitución de las campanas; en otros, como juguete o instrumento de celebración. Su función esencial, sin embargo, es una sola: hacer ruido.

La maraca cumple una función parecida, aunque con otro sonido: acompaña, marca el ritmo y mantiene la atención.

Y quizás ahí encontremos una metáfora bastante precisa de buena parte de nuestra vida política y mediática.

Hemos convertido la política dominicana en una permanente sinfonía de matracas y maracas.

La confrontación permanente entre políticos es matraca y maraca. La división de los partidos es matraca y maraca. El transfuguismo, con dirigentes brincando de una organización a otra según sus conveniencias, es tomar la matraca y darle vueltas.

Y mientras más ruido producen, más parece que creemos que algo importante está ocurriendo.

Pero no necesariamente.

EL RUIDO NO ES EL DEBATE

Una democracia necesita discusión, contradicción y hasta confrontación. El problema aparece cuando la confrontación deja de servir para buscar soluciones y se convierte en un espectáculo permanente.

Entonces ya no importa tanto qué se propone, sino quién logra imponer el tema del día.

Ya no importa tanto la calidad de una propuesta, sino quién consigue mayor exposición en los medios.

Ya no importa tanto el mérito de una persona para ocupar una función pública, sino quién tiene mejores relaciones, mayor capacidad de presión o más presencia mediática.

Y así, poco a poco, el ruido termina sustituyendo al contenido.

Meterse en las elecciones internas de una organización política para tratar de favorecer al candidato que más conviene a intereses externos es también una forma de matraca: mucho ruido alrededor de la democracia mientras se debilita, precisamente, su ejercicio interno.

LA MATRACA MEDIÁTICA

Hay otra matraca todavía más peligrosa: aquella que se utiliza desde determinados espacios de comunicación para convertir a una persona en figura pública antes de que haya demostrado tener los méritos necesarios para desempeñar una función.

Se repite un nombre.

Se repite una imagen.

Se repite una narrativa.

Se repite hasta convertir la repetición en aparente legitimidad.

Y cuando la sociedad termina preguntándose por qué esa persona debe ocupar determinada posición, la respuesta muchas veces parece ser: porque hemos oído hablar mucho de ella.

Pero la exposición no es mérito.

La publicidad no es capacidad.

Y la repetición tampoco convierte una mentira en verdad.

CREAR EL PROBLEMA PARA VENDER LA SOLUCIÓN

Existe una matraca todavía más sofisticada: crear o exagerar un problema, producir alarma alrededor de él y después presentarse como el único capaz de resolverlo.

A veces la solución viene acompañada de un costoso sistema tecnológico, una nueva estructura burocrática o una contratación que termina convirtiéndose en negocio.

Primero se produce el ruido.

Después se presenta la solución.

Y finalmente se factura la solución.

Mientras tanto, nadie pregunta suficientemente si el problema podía resolverse simplemente haciendo funcionar correctamente lo que ya existe.

Porque también hay una forma de ineficiencia que consiste en complicar artificialmente lo sencillo para después vender la complejidad como modernización.

Eso también es matraca y maraca.

¿Y MIENTRAS TANTO?

Aquí está la pregunta que deberíamos hacernos como sociedad:

¿Qué ocurre mientras todos estamos mirando y escuchando el ruido?

Mientras discutimos quién insultó a quién.

Mientras seguimos la pelea entre dirigentes.

Mientras un partido interviene en los asuntos internos de otro.

Mientras las redes sociales convierten cualquier declaración en una batalla.

Mientras los medios amplifican la controversia del día.

Mientras unos políticos se acusan y otros se defienden…

¿Quién está tomando las decisiones importantes?

¿Quién está administrando los recursos públicos?

¿Quién está haciendo negocios con el Estado?

¿Quién está obteniendo privilegios?

¿Quién está debilitando las instituciones?

¿Quién está cambiando las reglas del juego sin que la mayoría de la sociedad lo advierta?

Porque una sociedad entretenida con el ruido puede convertirse, sin darse cuenta, en una sociedad que deja de mirar dónde realmente se ejerce el poder.

NO TODO ES MATRACA

Naturalmente, no todo lo que ocurre en política es ruido. Hay denuncias necesarias, debates legítimos, críticas indispensables y medios de comunicación que cumplen una función fundamental en una democracia.

Precisamente por eso debemos aprender a distinguir entre información y espectáculo; crítica y manipulación; debate y confrontación; transparencia y escándalo.

El problema comienza cuando la matraca se convierte en el instrumento principal de la política.

Porque entonces el ciudadano termina confundiendo movimiento con avance.

Mucho movimiento.

Mucho sonido.

Muchas declaraciones.

Muchas cámaras.

Muchos titulares.

Pero pocos resultados.

EL ESTADO NO PUEDE SER UNA FIESTA DE MATRACAS

El Estado no fue creado para entretener a los ciudadanos.

Fue creado para servirlos.

La política tampoco debería ser una competencia permanente para determinar quién produce más ruido.

Debería ser el espacio donde se discuta cómo resolver los problemas de la nación.

Necesitamos menos espectáculo y más resultados.

Menos propaganda y más mérito.

Menos confrontación artificial y más soluciones.

Menos ruido alrededor del poder y más vigilancia sobre el poder.

Porque mientras nosotros sigamos mirando quién hace sonar mejor la matraca o quién agita con mayor ritmo las maracas, el poder puede estar haciendo su trabajo en silencio.

Y ahí está el verdadero peligro.

Quizás ha llegado el momento de bajar el volumen.

No para dejar de escuchar.

Sino para poder escuchar lo que verdaderamente importa.

Porque una nación no se gobierna con matracas ni con maracas.

Se gobierna con instituciones, responsabilidad, capacidad, honestidad y resultados.

Y mientras las matracas y las maracas sigan reinando en el escenario público, debemos tener cuidado de que, detrás del ruido, los negocios sucios no sigan transitando libremente por las amplias avenidas del Estado.

Visitas: 9

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *