Entre la Fe y la política

Ariel Romero.

El ciudadano como protagonista del cambio

Durante mucho tiempo hemos acostumbrado a pensar que el cambio de una nación comienza en el Palacio Nacional, en el Congreso o en los partidos políticos.

Esperamos que sea el presidente quien resuelva nuestros problemas, que los legisladores transformen nuestras comunidades y que los ayuntamientos solucionen nuestras necesidades.

Pero existe una verdad que muchas veces olvidamos: una nación no cambia solamente desde el Gobierno; cambia cuando cambia su ciudadanía.

La política es importante, pero la política no puede hacerlo todo.

Un gobierno puede construir escuelas, pero no puede obligar a un estudiante a valorar la educación.

Puede construir hospitales, pero no puede enseñarnos por decreto a cuidar nuestra salud.

Puede crear empleos, pero no puede sustituir nuestra responsabilidad de prepararnos para aprovechar las oportunidades.

Y puede aprobar leyes, pero ninguna ley puede reemplazar completamente los valores que deberían comenzar en el hogar. Por eso debemos recuperar una palabra que parece sencilla, pero que tiene un enorme significado: responsabilidad. Ser ciudadano no significa solamente votar cada cuatro años.

Ser ciudadano significa cuidar nuestra comunidad, respetar las leyes, educar a nuestros hijos, pagar nuestros compromisos, proteger los espacios públicos, participar en nuestras organizaciones y exigir transparencia a quienes administran los recursos públicos.

También significa reconocer nuestros propios errores.

Porque es muy fácil señalar al político corrupto mientras toleramos pequeñas prácticas de corrupción en nuestra vida cotidiana.

Es fácil exigir una ciudad limpia mientras lanzamos basura a la calle.

Es fácil reclamar mejores servicios mientras destruimos los espacios que pertenecen a todos. Es fácil hablar de valores mientras enseñamos a nuestros hijos que alcanzar el éxito justifica cualquier medio.

La transformación de un país comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente qué puede hacer el país por nosotros y comenzamos a preguntarnos qué podemos hacer nosotros por el país.

Y aquí aparece nuevamente la educación.

Una ciudadanía preparada es una ciudadanía que puede analizar las propuestas políticas, distinguir entre una promesa y un proyecto, cuestionar las informaciones falsas y tomar decisiones con criterio.

Por eso la educación no solamente prepara trabajadores. Prepara ciudadanos.

En este punto también debemos hablar de los nuevos partidos políticos.

La aparición de nuevas organizaciones puede ser una oportunidad para renovar nuestra democracia, pero el verdadero cambio no estará en cambiar un logo por otro.

Estará en cambiar la cultura política.

Necesitamos ciudadanos que no voten solamente por simpatía, tradición, emoción o beneficio personal. Necesitamos ciudadanos que pregunten:

¿Qué propone?

¿Quién lo va a ejecutar?

¿Cuánto cuesta?

¿De dónde saldrán los recursos?

¿Y cómo podremos medir los resultados?

Esa es la ciudadanía que necesita la República Dominicana.

Una ciudadanía que participe, que fiscalice, pero que también aporte.

Desde la fe, encontramos un principio poderoso: cada persona tiene una responsabilidad con aquello que ha recibido.

No podemos esperar grandes transformaciones nacionales si no estamos dispuestos a transformar primero aquello que está bajo nuestra responsabilidad.

Nuestra casa.

Nuestro trabajo.

Nuestra comunidad.

Nuestra iglesia.

Nuestra escuela.

Nuestra organización.

El cambio no siempre comienza con una multitud. A veces comienza con una persona que decide hacer correctamente lo que le corresponde.

Entre la fe y la política, debemos recordar que la democracia no solamente necesita buenos gobernantes.

Necesita buenos ciudadanos.

Porque al final, los gobiernos también son un reflejo de la sociedad que los elige, los permite, los cuestiona y los sostiene.

Y quizás el gran desafío de nuestra generación no sea encontrar al político perfecto.

Quizás sea formar una ciudadanía capaz de exigir, participar y construir el país que todos decimos querer.

Visitas: 5

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *