Por: Ariel Romero
Muchas comisiones y reuniones, y pocos acuerdos
En la política dominicana parece que nunca faltan las reuniones.
Se reúnen los comités políticos, las comisiones, los secretarios generales, los dirigentes nacionales, los aspirantes, los aliados y hasta los que están buscando convertirse en aliados.
¿Cuánto de esas reuniones termina convirtiéndose en soluciones para la gente?
En agosto pasado, dirigentes del PLD, Fuerza del Pueblo y Opción Democrática coincidieron públicamente en que la política dominicana atraviesa una crisis. Y legisladores de distintas organizaciones también han reconocido pérdida de confianza y desconexión entre los partidos y la ciudadanía.
Eso debería provocar una profunda reflexión.
Porque una democracia no puede sostenerse únicamente sobre estructuras partidarias, reuniones y discursos. Necesita ciudadanos que crean que la política todavía puede transformar su realidad.
Y aquí aparece una de las grandes contradicciones de nuestra política actual.
Mientras la ciudadanía habla de inseguridad, educación, salud, empleo, costo de vida, transporte y oportunidades para los jóvenes, buena parte de la conversación partidaria parece concentrarse en quién encabeza, quién negocia, quién se alía y quién controla determinado espacio.
El problema no es que los partidos se reúnan.
El problema aparece cuando reunirse se convierte en sustituto de hacer política.
Un ejemplo reciente está en el PLD. La organización había preparado una consulta entre aspirantes presidenciales, pero el proceso terminó siendo suspendido después de acumular controversias sobre el padrón, aspectos jurídicos y las reglas de participación.
Por otro lado, el PRD inició contactos con diferentes partidos y sectores para construir una posible plataforma opositora de cara a 2028. El propio partido presentó la iniciativa como parte de una estrategia para fiscalizar al Gobierno y construir una propuesta política y programática común.
Aquí está el punto que debemos observar como ciudadanos: ¿Se están construyendo proyectos para el país o simplemente estructuras para las próximas elecciones?
Porque una cosa es una alianza electoral y otra muy diferente es una alianza alrededor de ideas.
Una alianza puede juntar dirigentes.
Pero un proyecto nacional necesita juntar propuestas.
Y quizás ahí está una de las mayores incapacidades de los partidos de hoy: han aprendido a negociar entre ellos, pero todavía tienen dificultades para volver a conversar con la sociedad.
La política necesita recuperar algo que parece haberse perdido: la capacidad de escuchar.
La fe cristiana nos recuerda que el liderazgo no existe solamente para ocupar una posición.
Jesús habló de servicio.
No dijo que el mayor sería quien tuviera más poder, sino quien estuviera dispuesto a servir.
Ese principio debería incomodar a toda persona que aspire a ejercer liderazgo político.
Por eso, quizás nuestra política necesita menos reuniones cerradas y más conversaciones abiertas con la gente.
Menos discursos diseñados para las redes y más propuestas que puedan medirse.
Menos enfrentamientos personales y más debates sobre soluciones.
Menos preocupación por quién será candidato y más preocupación por qué país queremos construir.
Porque cuando la política pierde su propósito, las reuniones pueden multiplicarse mientras la confianza disminuye.
Y cuando la ciudadanía deja de creer que sus representantes pueden cambiar las cosas, el problema deja de ser solamente de los partidos.
La fe nos enseña que “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”.
Tal vez esa debería ser una de las primeras preguntas que todo dirigente político se haga antes de sentarse en una nueva reunión:
¿Estoy buscando servir al país o estoy buscando asegurar mi espacio dentro del poder?
Porque el país no necesita solamente políticos que sepan reunirse.
Necesita líderes que sepan escuchar, acordar, servir y cumplir.
Y quizás ha llegado el momento de que las reuniones políticas dejen de preguntarse únicamente quién va a ganar la próxima elección y comiencen a preguntarse algo mucho más importante:
¿Qué está perdiendo la República Dominicana mientras nosotros seguimos discutiendo quién tendrá el poder?


