Entre la Fe y la Política

Por: Ariel Romero

¿Resurrección o simple signo vital?

Hay una diferencia entre un paciente que abre los ojos y uno que ha recuperado completamente la salud. En política ocurre exactamente lo mismo.

Durante años, muchos dieron por muerto al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Después de perder el poder en 2020 y sufrir una división que permitió el nacimiento de la Fuerza del Pueblo, parecía que la historia había llegado a su capítulo final. Analistas, adversarios y hasta antiguos compañeros de partido preparaban el entierro político de una organización que gobernó la República Dominicana durante dos décadas.

Pero la política tiene algo que la hace impredecible: los muertos electorales a veces vuelven a caminar.

Las encuestas recientes muestran una realidad que pocos anticipaban. El PLD ha logrado colocarse nuevamente en competencia con la Fuerza del Pueblo por el liderazgo de la oposición. No se trata todavía de una victoria, ni mucho menos de un regreso triunfal al poder, pero sí de una señal inequívoca de que el paciente sigue vivo.

La pregunta es inevitable: ¿estamos presenciando una verdadera resurrección política o simplemente observamos algunos signos vitales temporales?

La Biblia relata cómo el profeta Ezequiel contempló un valle lleno de huesos secos. Humanamente no había esperanza. Sin embargo, Dios preguntó: «¿Vivirán estos huesos?». La respuesta parecía imposible, pero aquellos huesos volvieron a tener vida.

La enseñanza es poderosa. No hay estructura tan deteriorada que no pueda ser restaurada. Pero la restauración exige transformación. Los huesos no podían permanecer dispersos; debían unirse, fortalecerse y cumplir un propósito.

Ese es precisamente el desafío del PLD.

Recuperar algunos puntos en las encuestas no significa haber recuperado la confianza plena de la sociedad. El partido todavía carga con cuestionamientos acumulados durante años de gobierno y enfrenta el reto de presentar un liderazgo capaz de convencer a una nueva generación de votantes.

La Fuerza del Pueblo tampoco puede cantar victoria. Aunque posee una figura política experimentada como Leonel Fernández, todavía debe demostrar que puede convertirse en una alternativa capaz de superar los límites de su propio electorado tradicional.

Mientras ambos partidos libran esta batalla por el liderazgo opositor, el ecosistema digital se mantiene observando y, casi sin dejarse ver, emerge un actor silencioso que podría decidir el futuro político del país: el ciudadano desencantado.

La verdadera competencia de cara al 2028 no será únicamente entre partidos. Será una lucha por recuperar a esos que dejaron de creer, a esos que ya perdieron la credibilidad en la política.

Las elecciones se ganan en campaña; todo lo demás es reflejo del momento.

Y aquí es donde la fe y la política vuelven a encontrarse.

La fe enseña que el arrepentimiento verdadero produce cambios visibles. La política democrática debería funcionar de manera similar. Los ciudadanos no buscan partidos perfectos; buscan organizaciones capaces de reconocer errores, corregir rumbos y actuar con responsabilidad.

Porque una resurrección auténtica no consiste en volver al escenario. Consiste en volver siendo diferente.

El PLD ha demostrado que todavía tiene pulso. La Fuerza del Pueblo ha demostrado que puede competir. Pero la historia aún no está escrita. Al final, será el pueblo quien determine si estamos frente a una recuperación pasajera o ante el nacimiento de una nueva etapa política en la República Dominicana.

Y, como ocurre en toda verdadera resurrección, la prueba definitiva no será levantarse del suelo. La prueba será caminar hacia adelante.

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