Bienvenido Ruiz L.
Este caso me traslada a la década de los 80 y a la estirpe del profesor Juan Bosch, quien llegó a decir que él no se juntaba con ciertas gentes ni para ganarse la gloria.
El mayor hándicap de la política de hoy es que, para llegar al poder, los candidatos hacen alianzas y compromisos hasta con el mismo Satanás.
Sabiendo que, desde Dante Alighieri hasta Simón Bolívar, la traición destruye la confianza, dejando al desleal sin credibilidad ni valor en ningún bando. Bolívar dijo: “El traidor no es confiable en ninguno de los bandos; la lealtad es admirada hasta por el enemigo”. Y Dante Alighieri, en su obra La Divina Comedia, coloca a los traidores en el círculo más profundo del infierno.
La traición es el peor de los pecados, ya que para traicionar primero es necesario ganarse el afecto y la confianza de la víctima.
En la política dominicana, quien actúa de espaldas a los suyos es recibido en el otro bando con bombos, platillos y redoblantes; vainas raras que produce la ambición de poder por el poder, sin ninguna probidad.
En el presente hilo, es oportuno recordar también al Dr. Joaquín Balaguer, a quien, en la crisis política de los 90, el hegemón del mundo en ese momento le ofreció retener el poder a cambio de permitir la instalación en la República Dominicana de unos campamentos de nacionales del vecino país, a lo que este respondió tajantemente: “A ese precio, no”.
Peña Gómez también supo poner ese “no” supremo y maravilloso para el país cuando le proponían tirar el pueblo a las calles.
Aquellos líderes tenían principios y sabían poner límites a la ambición de poder y a sus respectivas organizaciones políticas.
Peor que normalizarlo, hemos convertido el vicio de la deslealtad en una falsa virtud.
