LA OPOSICIÓN POLÍTICA EN LA CRISIS ACTUAL: FISCALIZACIÓN Y OPORTUNISMO

QUE EN BOLIVIA LA DEMOCRACIA NO NIEGUE LA DEMOCRACIA

Bienvenido Ruiz

En tiempos de crisis se evidencia la importancia de la política y también sus aspectos más cuestionables. Situaciones como la pandemia del COVID-19 o los conflictos internacionales actuales no solo representan desafíos sanitarios o geopolíticos, sino también escenarios donde los actores políticos redefinen sus estrategias, discursos y posiciones frente a la ciudadanía, que a su vez puede apreciar el trasfondo del activismo.

Durante la pandemia, República Dominicana y Estados Unidos ofrecieron ejemplos claros de esta dinámica. En el caso dominicano, el gobierno de Danilo Medina fue objeto de fuertes críticas por parte de la oposición, que cuestionaba la supuesta falta de planificación para enfrentar la emergencia sanitaria. De manera similar, en Estados Unidos, la gestión (2016-2020) de Donald Trump también fue duramente señalada por sus adversarios políticos. En ambos contextos, el discurso opositor llegó en ocasiones a plantear escenarios extremos, alertando sobre consecuencias catastróficas para la población.

Este tipo de comportamiento plantea una pregunta fundamental: ¿se trata de una fiscalización legítima o de una instrumentalización del sufrimiento colectivo con fines políticos? La respuesta no es simple. En una democracia, la oposición tiene el deber de vigilar, cuestionar y exigir rendición de cuentas al gobierno, especialmente en momentos críticos donde las decisiones pueden tener consecuencias de vida o muerte. Sin embargo, esa función puede desdibujarse cuando el lenguaje se vuelve excesivamente alarmista o cuando el objetivo parece centrarse más en el desgaste del adversario que en la búsqueda de soluciones.

En este sentido, la política en tiempos de crisis suele moverse en una delgada línea entre la responsabilidad y el oportunismo. Por un lado, la crítica es necesaria para evitar abusos, errores o negligencias. Por otro, el uso estratégico del miedo o la exageración puede contribuir a aumentar la incertidumbre social y la desconfianza institucional. El bien mayor es la cooperación y el aporte de soluciones entre todos.

Los conflictos en el Medio Oriente son utilizados dentro de los debates políticos internos. Las consecuencias económicas, energéticas, de seguridad y alimentarias derivadas de estos conflictos son interpretadas y presentadas por distintos actores según sus intereses.

La política no es inherentemente cruel, pero en contextos de crisis puede adoptar formas que así lo parecen. La competencia por el poder crea un entorno propicio tanto para la fiscalización necesaria como para el oportunismo político. Por ello, el reto para los dominicanos no es eliminar el conflicto político, sino fomentar un equilibrio donde la crítica sea responsable, informada y orientada al bienestar colectivo.

No matar la gallina de los huevos de oro: la democracia.

Entradas relacionadas

Dejar un Comentario