Entre la Fe y la Política

Por: Ariel Romero

La reforma y el valor de la vida

Mientras el país debate reformas y los políticos defienden o cuestionan nuevas leyes, otra realidad golpea la conciencia nacional: la muerte del joven Darlin Emmanuel Mercado Reyes, de 19 años, en Herrera, durante un incidente en el que estuvo involucrado un agente de la Policía Nacional. El hecho ha generado indignación y reavivado el debate sobre la reforma policial y el respeto a los derechos ciudadanos. Las autoridades informaron que el agente fue puesto a disposición del Ministerio Público mientras avanzan las investigaciones.

Hoy, las reformas no solo se discuten en el Congreso. También se debaten en YouTube, donde periodistas, comunicadores, influencers y ciudadanos exponen sus argumentos, denuncias y opiniones. Las redes sociales se han convertido en un escenario de vigilancia ciudadana, pero también de confrontación y, en ocasiones, de desinformación.

La política no puede limitarse a prometer cambios; debe ofrecer resultados. Una reforma pierde credibilidad cuando la ciudadanía percibe que los problemas de siempre continúan afectando la vida de las personas.

Desde la fe, toda vida humana tiene un valor sagrado. No importa la edad, la condición social o la ideología. La justicia no puede depender del poder ni de la influencia. Como enseña el profeta Miqueas 6:8: “Practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios.”

Los políticos tienen la responsabilidad de legislar con transparencia y fiscalizar el funcionamiento de las instituciones. Los organismos del Estado deben actuar con objetividad y garantizar que cada investigación llegue hasta las últimas consecuencias, respetando el debido proceso y el Estado de derecho.

YouTube y las redes sociales pueden ser una herramienta para exigir rendición de cuentas, pero también exigen responsabilidad de quienes informan y de quienes consumen información. La verdad no puede ser sustituida por rumores ni por intereses partidarios.

La República Dominicana necesita reformas que fortalezcan las instituciones, una Policía cada vez más profesional y cercana al ciudadano, y una clase política que entienda que gobernar es servir, no simplemente administrar el poder.

La fe nos recuerda que ningún cargo está por encima de la justicia y que ninguna vida puede ser considerada un daño colateral.

Aquí está la pregunta: ¿Se están construyendo instituciones que protejan la vida y la dignidad humana, o simplemente seguimos, como pueblo, reaccionando cuando una tragedia se vuelve viral?

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