Santo Domingo. El sonido de la pelota golpeando el guante parecía marcar el rumbo de la infancia de John Adams en el ensanche Luperón, uno de los sectores más populares de Santo Domingo. Como miles de jóvenes dominicanos, creció soñando con destacarse en el béisbol, pero una debilidad defensiva que se hacía evidente en cada jugada terminó alejándolo poco a poco del diamante. Lo que en aquel momento parecía una frustración terminó convirtiéndose en el punto de partida de una historia inesperada: el nacimiento de un judoca dispuesto a abrirse…
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