ENTRE LA FE Y LA POLÍTICA

ENTRE LA FE Y LA POLÍTICA

Por: Ariel Romero.
Cuando la política pierde el alma
Mientras los partidos comienzan a mover sus estructuras pensando en las elecciones de
2028, el país continúa enfrentando problemas que necesitan respuestas hoy. Y surge una pregunta: ¿cuándo la política dejó de ser una herramienta para servir y
comenzó a convertirse en una carrera por conquistar el poder?

La política necesita visión de futuro, pero también responsabilidad con el presente.
Desde la fe, el desafío es todavía mayor. No basta con mencionar a Dios en un discurso. La
verdadera pregunta es: ¿qué principios gobiernan nuestras decisiones cuando nadie está
mirando?

También está el debate migratorio. Un Estado tiene derecho a hacer cumplir sus leyes, pero
defender la soberanía no significa perder la humanidad. Podemos exigir orden sin convertir
al extranjero en enemigo.

El problema no es solamente quién llegará al poder en 2028. La pregunta es qué clase de
sociedad queremos construir. Podemos cambiar presidentes, partidos y funcionarios, pero si mantenemos la corrupción,
el privilegio, la mentira y el oportunismo, poco habrá cambiado.

La fe no debe convertirse en una herramienta para conquistar votos. Debe recordarnos que
nuestra conciencia no está en venta.
Porque el poder pasa, los gobiernos cambian y las campañas terminan.
Pero las consecuencias de nuestras decisiones permanecen.
La política necesita alma. Y cuando la política pierde el alma, el país puede seguir
funcionando, pero la sociedad comienza a perder el rumbo.

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