Por Luis Rosario
Analista Deportivo
República Dominicana concluyó su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con un total de 150 preseas: 46 doradas, 37 plateadas y 67 de bronce. Esta cosecha le permitió ocupar la quinta posición general y superar ampliamente las 111 medallas obtenidas en San Salvador 2023, lo que representa un notable avance para el deporte nacional. No obstante, evaluar la actuación únicamente por el número de premios sería un análisis incompleto, ya que también es necesario examinar cuáles disciplinas respondieron a las expectativas, cuáles fueron las revelaciones y cuáles quedaron por debajo de lo esperado.
Un aspecto que merece especial atención es que Cuba y Venezuela finalizaron por delante del país, en el tercer y cuarto puestos, respectivamente. Los cubanos acumularon 51 medallas de oro y los venezolanos 49, frente a las 46 alcanzadas por República Dominicana. Esta situación invita a reflexionar, sobre todo porque ambas naciones desarrollaron su actividad deportiva en contextos económicos muy difíciles. Su desempeño confirma que contar con mayores recursos financieros no asegura automáticamente mejores resultados, pues la organización, el desarrollo de los atletas, la experiencia histórica y la labor de las federaciones también son factores determinantes.
El atletismo volvió a destacarse como una de las principales fortalezas de la delegación dominicana, al sumar 23 medallas, entre ellas 14 de oro. El judo tampoco se quedó atrás y aportó 12 preseas. Sin embargo, el esquí náutico fue una de las mayores revelaciones de la competencia, con 12 medallas, incluyendo tres campeonatos. A estos logros se suma el histórico bronce obtenido por el equipo de rugby 7, una conquista que probablemente pocos seguidores esperaban y que podría servir como impulso para el desarrollo y la consolidación de esta disciplina en el país. También merece reconocimiento la participación de los esports, encabezada por Saúl “MenaRD” Mena. El atleta dominicano ganó la medalla de oro en Street Fighter 6 y se convirtió en el primer representante de República Dominicana en conquistar un título dorado en los deportes electrónicos dentro de estos Juegos. Su victoria trasciende el resultado, pues evidencia que esta modalidad ya ocupa un lugar dentro del alto rendimiento internacional y que el país cuenta con competidores capaces de destacarse en ella.
A pesar de los buenos resultados, hubo disciplinas que terminaron dejando un balance negativo. Ese fue el caso del ciclismo, que volvió a finalizar una edición sin sumar medallas. Las críticas en este sentido tienen sustento, considerando que se invirtieron RD$50 millones en la renovación del Velódromo Olímpico, un escenario esencial para varias especialidades ciclistas. Asimismo, el Gobierno destinó RD$220 millones a la preparación de los deportistas que participarían en los Juegos, fondos entregados a las distintas federaciones. El ciclismo, además, había planteado como meta poner fin a una racha de tres ediciones sin alcanzar el podio. Ante el desenlace, resulta inevitable cuestionar si los recursos asignados, el proceso de entrenamiento y el plan competitivo aplicado están generando los resultados que se esperaban.
En conclusión, 150 medallas es una cifra para celebrar, pero también para analizar con seriedad. RD mostró fortaleza en atletismo, judo y esquí náutico; encontró en el rugby una agradable sorpresa y en MenaRD un nuevo protagonista de los esports. Pero terminar detrás de Cuba y Venezuela, aun siendo una actuación histórica, demuestra que todavía hay terreno por conquistar. El gran desafío ahora no es solamente celebrar las 46 medallas de oro, sino aprovechar Santo Domingo 2026 para identificar qué se estaba haciendo bien, corregir lo que no funciona —con el ciclismo como uno de los casos más evidentes— y convertir esta actuación histórica en la base de una República Dominicana todavía más competitiva.
