Entre la fe y la política

Por: Ariel Romero

¿Qué es esto que estamos viviendo?

Mientras los jueces entran en paro reclamando mejores condiciones, una mujer termina ejecutada frente a una fiscalía por su expareja tras intentar buscar justicia y denunciar abusos. Dos noticias distintas, pero conectadas por una misma pregunta: ¿qué está pasando con la justicia en nuestra sociedad?

La justicia parece haber dejado de ser un refugio para convertirse, muchas veces, en un privilegio. El ciudadano común comienza a sentir que denunciar, reclamar o exigir derechos puede salir más caro que guardar silencio. Y cuando el miedo sustituye la confianza en las instituciones, la democracia comienza a enfermarse lentamente.

Hoy vemos jueces justificando protestas por precariedad institucional, mientras al mismo tiempo la población se pregunta quién protesta por las víctimas olvidadas. Porque no basta con exigir mejores salarios o autonomía judicial si el sistema continúa llegando tarde para quienes más necesitan protección. Una justicia que tarda demasiado puede convertirse en otra forma de injusticia.

1. En medio de este panorama, el mundo político también sigue enviando señales contradictorias. Estados Unidos endurece medidas económicas a países que no se identifican con su visión geopolítica, mientras Cuba vuelve a ocupar titulares, aunque ya sin la intensidad de antes. La isla pasó de ser símbolo permanente de debate ideológico a convertirse en una noticia intermitente. El gobierno dominicano continúa sometiendo su reforma de manera sigilosa, habla de impuestos a plataformas digitales y mantiene presiones a partidos de la oposición, mientras por tercera ocasión se aprueban préstamos para el “medio ambiente y el cambio climático”, como si el sufrimiento de un pueblo pudiera caducar mediáticamente.

Y en esa rapidez informativa también desaparecen tragedias que hace poco parecían estremecer al mundo. ¿Ya se olvidó el “barco de la muerte”? Aquella imagen de enfermos atrapados, aislados entre el miedo y la burocracia internacional, parecía representar el fracaso moral de la humanidad moderna. Pero la sociedad actual consume tragedias como contenido pasajero: hoy indignación, mañana silencio.

La fe observa todo esto desde una perspectiva incómoda, pero necesaria. La Biblia enseña que, cuando la justicia se corrompe, el pueblo comienza a caminar sin dirección moral. No se trata solamente de política ni de religión; se trata de conciencia.

Una nación no se destruye únicamente por crisis económicas, sino cuando pierde sensibilidad frente al dolor humano, como Nuria buscando temas mediáticos para poder mantener su estatus quo.

Entonces surge la pregunta:

¿Qué es esto que estamos viviendo? Una crisis judicial. Una decadencia moral. Un agotamiento espiritual.

¿O simplemente una sociedad que aprendió a normalizar el sufrimiento ajeno?

Entre la fe y la política, el verdadero peligro no es únicamente el abuso del poder, sino la costumbre de mirar hacia otro lado mientras todo se prepara para una sociedad dirigida al precipicio. ¿Estaremos ya en el borde?

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