Por: Bienvenido Ruiz L.
El 27 de febrero de 1844 se proclamó la independencia o separación de la República Dominicana. Debemos recordar que este fue el triunfo de una corriente: Los Trinitarios, encabezados por Juan Pablo Duarte, quienes, con energía, trabajo y fe en una República Dominicana libre e independiente de toda potencia extranjera, hicieron posible un sueño casi imposible si consideramos el contexto del dominio haitiano de aquel entonces.
La otra corriente estaba conformada por los “sin fe”, quienes consideraban imposible que los dominicanos —con un gentilicio y cultura ya establecidos— fueran libres y soberanos. Creían en la necesidad, según ellos, de un protectorado de potencias extranjeras. En aquel momento existían diversos grupos que contemplaban adherirse a Colombia, Francia, los Estados Unidos, entre otras naciones poderosas.
Hoy día, transcurridos 182 años del triunfo de los independentistas puros, reafirmado con feroces batallas como Las Carreras, Beler, 19 y 30 de marzo, El Memiso, Tortuguero, Cachimán, entre otras, aún persisten los pesimistas y los sin fe en la nación. Se perciben cuando escuchamos voces que degradan a los dominicanos, nos tildan de racistas o nazis, callan las entregas de nuestras riquezas y nos tratan con desdén, al servicio de intereses ajenos. Duarte los conocía y los calificó de traidores, aunque en muchos casos merecían indulgencia, pues son personas que actúan sin voluntad propia, movidas por una pusilanimidad contenida en un intrínseco ADN malvado y genuflexo.
Sin embargo, todos los días debemos defendernos de ellos, porque buscan menospreciar el espíritu de autosuficiencia y la soberanía del dominicano puro, aguerrido, consciente y de buen corazón.
DIGO que la independencia es una tarea diaria porque debemos desafiar el desdén, la indiferencia, la frialdad, el desapego y el menosprecio que imponen muchos genizaros de agendas e intereses ajenos. Todos los días debemos luchar contra los ingenuos de ADN, pero también contra los indignos, que, con aire de superioridad y sin consideración patriótica, anteponen los intereses globales a los valores y necesidades nacionales.
La independencia nacional dominicana es un asunto actual y de todos los días. El homenaje y reconocimiento mayores a nuestros patriotas es, sí, recordarlos, pero sobre todo mantener su legado patriótico día a día, con inteligencia, firmeza y determinación, actuando como ellos y emulando sus vidas.
