Es hora de elevar el nivel en el desarrollo de jugadores de béisbol

 

Por Vicente Arias

Coaching Deportivo

Major League Baseball necesita, con urgencia, una conversación honesta y profunda sobre quiénes están siendo contratados para dirigir el desarrollo de jugadores. Directores de Desarrollo y Coordinadores de Ligas Menores ocupan puestos clave en organizaciones que, año tras año, fracasan en transformar talento en resultados. Y no, el problema no es la falta de prospectos. El problema es un sistema de desarrollo roto, desconectado de la esencia del juego y de la formación integral del pelotero.

Hemos llegado a un punto peligroso donde saber manejar un iPad, dominar dashboards y citar análisis cada vez más complejos parece pesar más que la capacidad de formar competidores. Hoy se prioriza el dato por encima del proceso, la métrica por encima del hombre. No estoy en contra de la analítica; al contrario, es una herramienta poderosa. Pero cuando el péndulo se va por completo hacia los números, perdemos lo más importante: la enseñanza, el ajuste, la mentalidad y el carácter.

Claro que la velocidad de salida, el spin rate y los ángulos importan. Pero también importa —y mucho— enseñar a un jugador a pelear un turno con dos strikes, a liderar dentro del clubhouse, a mantenerse enfocado cuando las cosas no salen como se planearon y a comportarse como un profesional cuando nadie está mirando. Eso no se mide con sensores. Eso se construye con guía, ejemplo y cultura.

A nuestros prospectos debemos enseñarles a tener un plan en el plato, a mantenerse concentrados durante nueve entradas, a recuperarse del fracaso sin perder identidad, a representar el juego con integridad y, sí, también a manejar las redes sociales y la vida fuera del terreno. Un mal paso fuera del campo puede costar una carrera entera, y eso también es parte del desarrollo.

El desarrollo de jugadores no se trata solo de repeticiones, reportes y gráficos. Se trata de cultura, carácter y consistencia. Se trata de formar personas capaces de sostener el éxito cuando llegue y de resistir cuando no. Necesitamos construir hombres, no solo métricas.

Es momento de empezar a recompensar a quienes saben enseñar, conectar e inspirar, no únicamente a quienes saben programar un informe o interpretar un algoritmo. El béisbol merece algo mejor. Y la próxima generación de jugadores también.

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