Cada 6 de noviembre, la República Dominicana conmemora con orgullo el aniversario de su Constitución, esa primera carta magna que en 1844 marcó el inicio de nuestra institucionalidad y soberanía. Este año, al cumplirse 181 años de aquel histórico acontecimiento en San Cristóbal, “la cuna de la Constitución”, el país volvió a reunirse en torno a un desfile cívico-militar encabezado por el presidente Luis Abinader, junto a autoridades civiles, militares y educativas, en un acto cargado de simbolismo y patriotismo.
Durante la ceremonia, el presidente Abinader recibió los honores de estilo, una salva de 21 cañonazos y la interpretación del himno nacional, mientras cientos de estudiantes de más de 90 escuelas de la provincia desfilaron en representación de la juventud dominicana. En la misma jornada, se realizó una audiencia solemne del Tribunal Constitucional, recordando que esta fecha no solo es una celebración histórica, sino también una reafirmación del Estado de derecho que nos rige.
El orador central del acto, Juan Pablo Uribe, presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, destacó el valor de aquella Constitución de 1844, nacida del sacrificio y la visión de hombres y mujeres que soñaron con un país libre, justo y soberano. Uribe recordó el artículo 210, una de las cláusulas más debatidas de la época, y exhortó a los dominicanos a defender los ideales de libertad, justicia y unidad que dieron origen a nuestra nación.
Pero más allá de los discursos oficiales, la conmemoración del 181 aniversario de la Constitución debe servir para algo más profundo: reflexionar sobre cuánto conocemos y valoramos nuestra propia Carta Magna. Muchos ciudadanos solo escuchan hablar de ella en esta fecha, cuando en realidad debería ser una lectura cotidiana, una guía constante sobre nuestros derechos y deberes. La Constitución no es un documento simbólico; es la madre de nuestras leyes, el pilar que garantiza la convivencia democrática.
La historia demuestra que la Constitución ha sido modificada numerosas veces, casi siempre por motivos políticos o de coyuntura. No obstante, cada dominicano debería entender que la defensa de este texto no recae únicamente en los juristas o legisladores, sino en la conciencia ciudadana. Conocer sus artículos, comprender sus principios y respetar sus mandatos es una tarea que debe comenzar desde las escuelas y extenderse a toda la sociedad.
Por eso, este aniversario número 181 debe servir de punto de partida para una transformación educativa y cívica: hacer de la Constitución un libro de texto obligatorio, enseñado desde los primeros grados hasta la universidad. Solo así lograremos formar ciudadanos conscientes de sus derechos, pero también responsables de sus deberes. Porque un pueblo que conoce su Constitución es un pueblo que construye democracia todos los días, no solo el 6 de noviembre.
