Washington. Mientras compartía una velada en su club de golf en Nueva Jersey, el presidente Donald Trump autorizó una operación militar secreta contra tres instalaciones nucleares de Irán, en una acción que coloca directamente a Estados Unidos en el epicentro del conflicto de Medio Oriente. La ofensiva, denominada “Operación Martillo de Medianoche”, fue ejecutada por bombarderos furtivos B-2, armados con bombas perforadoras de 13.600 kilos.
Los objetivos fueron las instalaciones estratégicas de Fordow, Natanz e Isfahan, parte fundamental del programa nuclear iraní. En paralelo, otras aeronaves fueron desplegadas hacia el oeste como maniobra de distracción, bajo estrictas condiciones de sigilo exigidas por el mandatario estadounidense.
Mientras la operación se desarrollaba, Trump se mostraba relajado junto a Sam Altman, CEO de OpenAI, en un evento privado en el club. Sin dar señales de tensión, incluso bromeó sobre el futuro de la inteligencia artificial.
Veinticuatro horas después, ya en la sala de crisis de la Casa Blanca, Trump observó en tiempo real el ataque y ofreció un mensaje desde el pasillo central: “Irán, el matón de Medio Oriente, debe hacer las paces. Si no lo hace, los próximos ataques serán mucho más grandes y mucho más fáciles”, afirmó. Su decisión ha generado inquietud internacional, tanto por el riesgo de represalias como por los objetivos estratégicos de esta nueva ofensiva militar.
