Luis Manuel Ferreras
En plena era digital, todos somos reporteros. Con un celular en la mano y acceso a redes sociales, basta un clic para hacer viral cualquier situación en segundos. Pero lo que debería servir para informar o denunciar, muchas veces se ha convertido en una herramienta de provocación.
Vivimos en el mundo de 1984, pero con un giro: ya no nos vigila “El Gran Hermano”, sino que nos espiamos entre nosotros. Y en esa dinámica, muchos creen que grabar a un policía o a un agente de tránsito automáticamente los convierte en víctimas, aunque sean ellos los que comenzaron la confrontación.
No es raro ver cómo algunos ciudadanos buscan llevar al límite a las autoridades. Las cámaras se encienden, las palabras suben de tono, los insultos aparecen… y cuando el agente reacciona, ahí viene la frase mágica: “¡Te tengo grabado!”. Se espera que los oficiales se mantengan fríos, pero se olvida que también son humanos, que sienten, sufren y tienen sus propios duelos.
Este 7 de agosto circuló un video en el que un joven provocó a un miembro de la Policía Nacional, grabó cada momento, y tras ser golpeado, solo decía: “Mañana te van a cancelar”. La escena genera una pregunta incómoda:
¿Estamos dispuestos a arriesgarlo todo solo por unos cuantos likes?
Respetar a la autoridad no está pasado de moda. Y si crees que estás siendo víctima de un abuso, graba, claro que sí, pero hazlo desde la razón, no desde la provocación. Porque una cosa es tener un video… y otra muy distinta es tener la boca rota por un macanazo.
