Luis Manuel Ferreras Santo Domingo. El 15 de abril de 1957, la noticia cayó como un rayo sobre México y América Latina: Pedro Infante, el ídolo de generaciones, había muerto en un accidente aéreo en Mérida, Yucatán. Los periódicos no tardaron en dar cuenta del hecho, y las lágrimas de un pueblo entero inundaron las calles. Pero, con el dolor vino también la duda, el misterio… y el mito. “El ídolo de Guamúchil” —como se le conocía al actor y cantante sinaloense— era más que una estrella: era un símbolo…
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