Higüey. Miles de devotos se reúnen para honrar a la Virgen de La Altagracia, reconocida como la madre espiritual y protectora del pueblo dominicano. Esta celebración, profundamente arraigada en la fe católica, destaca la esperanza, protección divina y amor maternal que representa la Virgen María, madre de Jesucristo.
Fieles de todas partes del país realizan peregrinaciones hacia Higüey, en la provincia La Altagracia, hogar de la majestuosa Basílica de La Altagracia, donde se venera su imagen. En este sagrado lugar, los devotos expresan su gratitud y elevan oraciones para pedir por su salud, bienestar familiar y soluciones a problemas económicos.
Aunque se entiende que la Virgen no realiza milagros por sí misma, los creyentes la consideran una intercesora ante Dios, cuyo papel como mediadora fortalece la conexión espiritual y el consuelo en tiempos de dificultad. Su figura no solo simboliza la unidad espiritual, sino también una fuente de sanación y protección, testimoniada por innumerables experiencias de fe.
Para los dominicanos, “Tatica, la de Higüey”, como cariñosamente se le llama, es más que un símbolo religioso: es una representación de amor incondicional y esperanza renovada. En el Día de la Virgen de La Altagracia, se celebra su constante intercesión, recordando que la devoción a la Virgen María trasciende esta fecha, viviendo en el corazón de su pueblo todos los días del año.
Esta tradición, que une a creyentes de todas las edades, reafirma el profundo vínculo de los dominicanos con su fe y su historia, renovando cada año el espíritu de gratitud hacia su madre celestial.
