Luis Manuel Ferreras
Santo Domingo. En un tiempo dominado por la inmediatez y los formatos efímeros, Raymond Pozo y Miguel Céspedes apostaron por mirar atrás. Lo hicieron con respeto, inteligencia escénica y un profundo sentido de memoria colectiva al rescatar la figura de Rafael Corporán de los Santos, ícono de la televisión dominicana, a través de una recreación que devuelve a la pantalla el inconfundible universo de Sábado de Corporán.
Aquel espacio maratónico, nacido en Color Visión y proyectado a toda América Latina a través de la Cadena Sur, marcó a generaciones completas. No fue solo un programa de entretenimiento: fue un fenómeno cultural que llenó los sábados de música, humor, concursos y solidaridad, convirtiéndose en un ritual televisivo que trascendió fronteras y clases sociales.
La caracterización de Raymond Pozo logra algo poco común: no imita, encarna. Sus frases, gestos, silencios calculados y movimientos corporales reconstruyen con precisión quirúrgica al “Viejo Corpo”, despertando risas inmediatas y una nostalgia compartida que vuelve a habitar la pantalla del canal 9, la que fue su casa durante gran parte de su trayectoria. El resultado no es parodia vacía, sino homenaje vivo.
Sábado de Corporán fue, durante años, un espacio donde el entretenimiento convivía con la esperanza. Para muchos dominicanos, aquel escenario representó una última puerta a la que tocar para resolver un problema, conseguir una ayuda o simplemente sentirse escuchados. En más de una ocasión, el programa asumió un rol social que desbordó la televisión, convirtiéndose en un puente entre las carencias y la dignidad.
El rescate de esta figura no solo reactiva la memoria de una época dorada de la televisión caribeña, sino que confirma la madurez artística de Raymond y Miguel, conscientes de que el humor también puede ser un acto de gratitud histórica. La recreación honra a Corporán de los Santos sin caricaturizarlo, entendiendo su peso simbólico y su legado humano.
El aplauso es extensivo a todo el equipo creativo que hizo posible este regreso simbólico. En tiempos donde la nostalgia suele explotarse sin cuidado, Raymond y Miguel eligieron el camino más difícil: el del respeto. Y en ese gesto, lograron algo más que risas: devolvieron a Don Corpo al lugar donde siempre perteneció, en la memoria afectiva de un pueblo y en la historia viva de la televisión latinoamericana.
