Joe Biden es electo presidente de Estados Unidos

La amplia iniciativa busca garantizar una solución a largo plazo Washington.- El proyecto de ley con el que el presidente de EE.UU., Joe Biden, busca promover una ambiciosa reforma migratoria que otorgue una vía a la ciudadanía para 11 millones de indocumentados llegó este jueves al Congreso, con el respaldo del senador de origen cubano Bob Menéndez y la legisladora Linda Sánchez, de raíces mexicanas. Menéndez, el latino de más alto rango en el Legislativo estadounidense, y Sánchez son los patrocinadores de la Ley de Ciudadanía Estadounidense de 2021, la propuesta bandera con la que el Gobierno de Biden busca remodelar el sistema de migración del país, que desde hace más de 30 años no aprueba una reforma de este tipo. La amplia iniciativa busca garantizar una solución a largo plazo para los "soñadores", como se conoce a los inmigrantes llegados al país siendo niños y amparados por el programa DACA; y a los beneficiados por el Estatus de Protección Temporal (TPS) -que en su mayoría proceden de Centroamérica- y los trabajadores agrícolas inmigrantes. También puedes leer: Las escuelas públicas de Florida pierden 90,000 alumnos debido a la pandemia Amplía además los visados de diversidad de 55.000 a 80.000, promueve cambios en el sistema de inmigración basado en el empleo y tiene entre sus prioridades mantener a las familias inmigrantes unidas. Un esfuerzo similar fue liderado en 2013 por el entonces presidente Barack Obama -quien tuvo como vicepresidente a Biden-, pero naufragó en la Cámara de Representantes pese a haber conseguido la aprobación del Senado. Para convertirse en realidad, la propuesta de Biden deberá contar con la totalidad de los votos demócratas en el Senado, 50, y asegurarse diez republicanos. De lo contrario, estará condenada a fracasar como ha sucedido con los intentos de regularización en los años anteriores. "Arreglar" el sistema migratorio, tras Trump "Estamos aquí porque el pasado noviembre 80 millones de estadounidenses votaron contra Donald Trump y contra todo lo que representaba. Votaron para restaurar el sentido común, la compasión y la confianza en nuestro Gobierno", dijo Menéndez en una conferencia de prensa virtual. "Y parte de ese mandato -agregó- es arreglar nuestro sistema de migración, que es la piedra angular del odioso espectáculo de horror de Trump". Como uno de los más veteranos en el Congreso, Menéndez señaló que la razón por la que no se ha conseguido una reforma migratoria es porque una y otra vez han "capitulado demasiado rápido a las voces marginales que se han negado a aceptar la humanidad y las contribuciones de los inmigrantes". Al dirigirse a sus colegas republicanos, aseguró que el voto latino no es propiedad de ningún partido y destacó que los hispanos son "la mayor minoría racial y étnica del país". En su intervención, Sánchez recordó que es hija de inmigrantes mexicanos -un mecánico industrial y una maestra de escuela primaria-, y afirmó que por ello se ha dedicado a construir un sistema de inmigración "que permita a la gente vivir sin miedo". "Vinieron (sus padres) a este país y trabajaron duro y se sacrificaron cada día para mantenernos a mí y a mis hermanos", relató la legisladora, cuya hermana, Loretta Sanchez, fue también congresista en el pasado. Ambos políticos estuvieron acompañados por los legisladores de la Cámara Baja Zoe Lofgren, Lucille Roybal-Allard, Nydia Velázquez, Judy Chu, Raúl Ruiz, Yvette Clarke y Yvette Clarke, así como por los senadores Amy Klobuchar, Alex Padilla y Ben Ray Luján, que prometieron su respaldo a la iniciativa. Ocho años para lograr una ciudadanía El proyecto prevé un proceso de ocho años para que los indocumentados puedan alcanzar la ciudadanía. Previamente, quedarán amparados por un estatus temporal y, después de cinco años, podrán optar por una tarjeta de residencia permanente (conocida por su nombre en inglés "green card"). Para los "soñadores", los beneficiarios del TPS y los trabajadores agrícolas inmigrantes, la iniciativa propone una residencia legal de "inmediato" y tres años más tarde la ciudadanía. Será un requisito fundamental para estas personas "haber estado en el país antes del 1 de enero de 2021". El proyecto de ley deroga además la prohibición de reingreso para quienes hayan permanecido de forma irregular en territorio estadounidense, elimina los topes por país para los visados basados en el empleo y aumenta de 10,000 a 30,000 los cupos para los visados U (que se otorgan a víctimas de abuso físico o mental). Asimismo, elimina el plazo mínimo de un año para que quienes se encuentren en el país puedan solicitar asilo, reemplaza el término "extranjero" por "no ciudadano" y promueve la reunificación de familias, en especial de los grupos familiares LGBTQ+. Por otro lado, aborda las causas de la migración al financiar un plan de la Administración de Biden para aumentar la asistencia a El Salvador, Guatemala y Honduras, de donde procede la mayoría de inmigrantes que buscan cruzar a EE.UU. desde México. También crea opciones para que las personas que buscan protección puedan solicitar un estatus legal en Centroamérica; restablece el programa de menores centroamericanos que permite reunir a los pequeños con sus padres que residen en EE.UU.; y destina recursos para el uso de la tecnología en las fronteras. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, destacó este jueves en una llamada con periodistas que espera que más conservadores se sumen a los patrocinadores de este proyecto, al indicar que "históricamente este ha sido un tema con el que los demócratas y republicanos están comprometidos". En ese sentido, adelantó que será necesario que haya negociaciones al respecto. Y zanjó: Biden "cree que la modernización de nuestro sistema de inmigración es una prioridad absoluta para el país". Fuente: EFE

JOHNSTOWN, PENNSYLVANIA – SEPTEMBER 30: Democratic U.S. presidential nominee Joe Biden gestures during a campaign stop outside Johnstown Train Station September 30, 2020 in Johnstown, Pennsylvania. Former Vice President Biden continues to campaign for the upcoming presidential election today on a day-long train tour with stops in Ohio and Pennsylvania. (Photo by Alex Wong/Getty Images)

El demócrata Joe Biden derrotó al presidente Donald Trump para consagrarse 46to presidente de Estados Unidos el sábado y se coloca al frente de una nación atenazada por una pandemia histórica, sus secuelas económicas y un profundo malestar social.

Cuatro días después de la jornada electoral del 3 de noviembre, y tras un conteo que tuvo al país en vilo, el exvicepresidente de Barak Obama, de 77 años, cosechó 273 votos electorales, traspasando el umbral de los 270 que le permite convertirse en presidente de Estados Unidos.

El desenlace surge de una participación récord de votantes al cabo de una campaña electoral tensa y marcada por la pandemia del coronavirus, en la cual Estados Unidos es el país del mundo con el mayor número de muertos.

Trump, el amante de los tuits, no reaccionó de inmediato. Pero a medida que la ventaja de Biden crecía durante el conteo de votos desde la elección del martes, el presidente republicano arremetió con acusaciones de fraude sin fundamento y afirmó, falsamente, que había ganado.

El sábado temprano, mientras se dirigía a su campo de golf en Virginia, repitió esto, tuiteando: “¡GANÉ ESTA ELECCIÓN, POR MUCHO!”.

Sin embargo, para Trump, de 74 años, este resultado es el fin de sus sueños de reelección: el multimillonario empresario que llegó a la Oficina Oval como ‘outsider’ de la política será el primer presidente de un único mandato desde el republicano George H. W. Bush a principios de la década de 1990.

Biden, que obtuvo los votos de un récord de más de 74 millones de personas, se encontraba en su feudo de Wilmington, Delaware. El viernes por la noche pronunció un discurso en el que instaba a los estadounidenses a “dejar atrás la ira” y “unirse como nación”.

El Servicio Secreto ya ha comenzado a intensificar la seguridad del presidente electo, que será investido el 20 de enero.

Para Biden, el hombre de mayor edad en ganar la presidencia, este triunfo es la coronación de medio siglo de carrera política, incluidos ocho años como mano derecha del primer presidente negro estadounidense.

Un centrista que se ha enfrentado al ala más izquierdista del Partido Demócrata, llega a la Casa Blanca en su tercera postulación tras intentarlo en 1988 y 2008.

Y lo hace de la mano de la senadora negra Kamala Harris, una abogada hija de inmigrantes de Jamaica e India de 56 años, que hace historia como la primera vicepresidenta de Estados Unidos.- Restaurar el “alma” de EEUU –

Ridiculizado por Trump, quien lo apodó “Joe El Dormido” acusándolo de capacidades mentales disminuidas, Biden es conocido por su empatía tras varias tragedias: perdió a su primera esposa e hija en un accidente automovilístico en 1972, y cuatro décadas después, a otro de sus hijos, Beau, por un cáncer cerebral.

Ahora, Biden prometió restaurar el “alma” de Estados Unidos.

La primera potencia mundial llora unos 235.000 muertos por una pandemia que no da señales de ceder, y que ha provocado la peor crisis económica en un siglo y desatado masivas protestas sociales.

Pero sobre todo, el país está amargamente dividido sobre temas fundacionales como la raza, la inmigración, el porte de armas y el vínculo con el resto del mundo luego de un gobierno de Trump bajo el lema “Estados Unidos primero”.

Y aunque Biden ganó, la mitad del electorado apoyó a Trump, muchos profundamente convencidos y otros no tanto, pero todos ajenos a la retórica demócrata.

Esta división seguramente siga impactando en el Congreso, donde los republicanos se encaminan a mantener su mayoría en el Senado y los demócratas, aunque siguen controlando la Cámara baja, han perdido bancas.- Un plebiscito sobre Trump –

Biden ganó tras recuperar Pensilvania, Michigan y Wisconsin, tradicionales estados demócratas del Medio Oeste del país, que Trump conquistó en 2016 con el apoyo de los votantes blancos de clase obrera.

También tenía escasas mayorías a medida que el recuento de votos se acercaba a su fin en Arizona y Nevada, mientras que el recuento en Georgia era tan estrecho que el estado declaró que realizaría un recuento.

El exvicepresidente se comprometió a ser “un presidente para todos los estadounidenses” en una elección que en muchos sentidos fue un plebiscito sobre el odiado o amado Trump.

Biden, que optó por una campaña respetuosa de las restricciones del covid-19, se presentó como el líder responsable y apegado a la ciencia que el país necesita para enfrentar la emergencia sanitaria y sus consecuencias.

Trump, que hizo actos multitudinarios a un ritmo frenético tras ser hospitalizado por el virus, desestimó el consejo de los epidemiólogos y minimizó la gravedad del covid-19.

Pero la pandemia ensombreció los logros económicos de su gobierno, principal activo hacia la reelección: el desempleo pasó de un mínimo histórico de 3,5% en febrero a un 14,7% en el peor momento del confinamiento, y aunque se recuperó a 6,9% en octubre, dejó cicatrices.

Y lejos del discurso conciliador de Biden, Trump arengó a su base con afirmaciones infundadas, como presentar a los inmigrantes indocumentados como asesinos y violadores, decir que lo demócratas prohibirían las armas y despreciarían la “ley y el orden”.- “Perder nunca es fácil” –

El enero, cuando Joseph Robinette Biden Jr. preste juramento a los 78 años como el presidente de Estados Unidos de mayor edad, Donald J. Trump dejará tras de sí un tumultoso gobierno tras su impactante trinfo sobre Hillary Clinton.

El neoyorquino afecto a las luces del espectáculo saldrá de la Casa Blanca tras sobrevivir a un histórico juicio político, romper las normas diplomáticas internacionales y acostumbrar a los estadounidenses a un sinfín de escándalos.

Objeto de dos investigaciones en Nueva York que podrían concluir en juicios por supuesta evasión fiscal, fraude y declaraciones falsas, su horizonte judicial podría ser sombrío.

Para el magnate inmobiliario que se metió en las casas de los estadounidenses como el exitoso y carismático conductor del ‘reality show’ “El Aprendiz”, despedirse de la Oficina Oval lo equipara al tipo de persona “perdedora” que suele denostar.

“Ganar es fácil”, comentó el día de las elecciones. “Perder nunca es fácil. No para mí”.

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