El béisbol dominicano pide un estadio nuevo

El pasado miércoles, la Serie Final de la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (LIDOM) regaló una noche inolvidable. El quinto y decisivo partido coronó por décimo octava vez a los Leones del Escogido, en un Estadio Quisqueya Juan Marichal abarrotado, vibrante y fiel a su historia. Fue una postal poderosa del deporte rey en la República Dominicana… pero también un recordatorio incómodo de sus limitaciones estructurales.

Miles de fanáticos colmaron las gradas del vetusto coloso del ensanche La Fe, celebrando el espectáculo que solo el béisbol invernal dominicano sabe ofrecer. Sin embargo, detrás de la pasión y el ruido, quedó nuevamente en evidencia una realidad que ya no admite maquillajes: el principal pasatiempo nacional se juega en una instalación que no responde a los estándares de una industria moderna y globalizada.

Resulta paradójico que la República Dominicana, principal cantera de talento beisbolero del mundo, con presencia en cada rincón del universo MLB, carezca de un estadio capaz de acoger eventos internacionales con comodidad, dignidad y proyección. Esa carencia se hace más notoria cuando el país no puede fungir como sede del Clásico Mundial de Béisbol, pese a tener la selección y la afición, por no contar con una infraestructura adecuada.

En marzo se celebrarán partidos de exhibición avalados por Major League Baseball, con los Tigres de Detroit como protagonistas, en el mismo Quisqueya. Serán juegos de alto nivel, sí, pero también una vitrina que expone nuestras carencias ante los ojos del béisbol internacional. El talento está; el escenario, no.

La designación de una comisión especial por parte del presidente Luis Abinader, encabezada por el jurista Jorge Subero Isa, abre una ventana de oportunidad histórica. Tras décadas de remodelaciones parciales y soluciones temporales, la pregunta ya no debería ser si se vuelve a remozar el estadio, sino si el país se atreve a construir uno nuevo desde cero, pensado para el presente y el futuro.

El béisbol dominicano es una industria, una marca país y un patrimonio cultural. Ya no puede seguir jugando con instalaciones del pasado. Ha llegado el momento de que la pelota criolla se vista de saco y corbata, y tenga una casa a la altura de su grandeza.

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