Eddi Palmieri

Posposición, cumbre y política

Guido Gómez Mazara

“Vámonos pa’l monte” inauguraba una categoría del jazz penetrando los recovecos de la salsa. Antes, el maestro Pacheco, en su condición de instancia superior de la creatividad, hizo de la ciudad de Nueva York corazón y alma de un ritmo que llegó para quedarse. Así, Eddi Palmieri toca los corazones de los fanáticos y, de inmediato, ingresa al club de los dioses, alimentado con anterioridad por los talentos de Richie Ray y Bobby Cruz, virtuosos y de una escuela musical capaz de engrandecer el atractivo del mundo salsero. Canciones de ellos como “Sonido Bestial” y “Agúzate” poseen la carga melódica de lo bailable y fascinante para los oídos, y su toque clásico y carga sinfónica habla de mezclas y variedad, indispensables para universalizar ese ritmo.

En las esquinas de Latinoamérica, resultaba común el hábito de escuchar salsa y los barrios de las grandes urbes, en específico, se constituyeron en correa de transmisión de gustos para varias generaciones. Pocos se detenían a valorar el aporte del maestro Palmieri, porque el entusiasmo rítmico dejaba pocos espacios para el análisis. Allí, lo único importante consistía en disfrutar lo pegajoso y penetrante de las canciones y sus vocalistas. Eso sí, el tiempo tiene un lugar de distinción reservado para Jerry Masucci, Papo Lucca, Larry Harlow y Joe Bataan.

En Ciudad Nueva, los mozalbetes ingresamos al fascinante mundo de la salsa escuchando la diversidad de piezas, colocadas todos los fines de semanas en cada esquina del vecindario. Inicialmente, Palmieri me introdujo en el mundo de la apreciación musical, que luego adquirió una dimensión enfermiza con los aportes del maestro Rafael Ithier, arquitecto musical del Gran Combo de Puerto Rico. Nacido en el Harlem hispano, nunca perdió su esencia. Por el contrario, el vecindario jugó un papel estelar en su versatilidad, dándole al piano un swing que con las excepcionales voces de Ismael Quintana y Lalo Rodríguez, produjeron los inolvidables hits, recitados a cualquier hora del día y materia prima de conquistas inolvidables y desamor amargo. Acaba de ingresar al mundo de los que se van para siempre, el maestro Eddi Palmieri. Su enorme contribución y destrezas en el piano quedan registradas para la eternidad y allá, en el corazón de los amantes del jazz o salsa, la musa que inspiró al boricua-corso se mantendrá en el tarareo de las contribuciones que hizo, desde sus inicios en el conjunto La Perfecta, hasta el Grammy obtenido con su producción The Sun of the Latin Music en 1976. Descanse en paz, maestro insuperable: vámonos pa’l monte / pa’l monte pa’ guarachar / vámonos pa’l monte / que el monte me gusta más.

Publicado por el Periódico Hoy.

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