Kiev. – Ucrania vivió entre la noche del sábado y la madrugada del domingo uno de los ataques más masivos desde el inicio de la guerra. Según las autoridades locales, casi 500 drones y más de 40 misiles rusos impactaron varias regiones del país durante más de 12 horas consecutivas, dejando un saldo de al menos cuatro fallecidos, entre ellos una niña de 12 años, y decenas de heridos.
El gobierno ucraniano calificó la ofensiva como una “guerra contra civiles”, denunciando que la mayoría de los blancos alcanzados fueron zonas residenciales e infraestructuras no militares. Equipos de rescate trabajaron durante toda la jornada para atender a los heridos, evacuar a familias y sofocar los incendios provocados por los bombardeos.
La magnitud del ataque provocó una reacción inmediata en países vecinos. Polonia movilizó su aviación tras detectar incursiones en su espacio aéreo, mientras que la OTAN reforzó la vigilancia en el Báltico, en un claro mensaje de respaldo a Kiev y de advertencia a Moscú frente a cualquier intento de expansión del conflicto.
En un comunicado, el presidente Volodímir Zelenski pidió mayores sistemas de defensa antiaérea a sus aliados occidentales, asegurando que este tipo de ofensivas demuestran la urgencia de reforzar la protección de las ciudades ucranianas. También reiteró la necesidad de acelerar el suministro de municiones y equipos militares prometidos por Estados Unidos y la Unión Europea.
Los analistas militares señalan que el ataque combinado de drones y misiles busca desgastar la capacidad de respuesta de Ucrania y presionar psicológicamente a la población, en momentos en que el país se prepara para un invierno que se anticipa complejo por los daños a la infraestructura energética.
La ofensiva rusa, una de las más intensas registradas en lo que va del año, deja a Ucrania y a sus aliados ante un nuevo escenario de tensión regional, en el que el riesgo de expansión del conflicto hacia los países de la OTAN se vuelve cada vez más evidente.
