Buenos Aires.– El presidente de Argentina, Javier Milei, ha logrado lo que ningún otro mandatario en la historia reciente del país: un superávit fiscal sostenido desde el inicio de su mandato, producto de un drástico recorte del gasto público.
Apoyado en su simbólica motosierra durante la campaña, el economista libertario aplicó una política de ajuste que ha permitido reducir la inflación, que pasó de más del 210% anual a un 47.3%, según cifras oficiales de mayo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) respaldó esta política con un nuevo préstamo de US$20,000 millones, y proyecta que Argentina tendrá en 2025 el mayor crecimiento del PIB en América Latina, con un 5.5% de expansión, más del doble del promedio regional.
Pero el costo social de estas medidas ha sido altísimo: una reducción del 10% en el empleo público, docentes con salarios congelados, universidades al borde del colapso, y una infraestructura deteriorada por la eliminación casi total de la inversión en obras públicas.
El malestar social se ha hecho visible con manifestaciones masivas en todo el país, y este miércoles diversos sectores afectados se movilizarán frente al Congreso para expresar su rechazo a las políticas de ajuste.
Mientras la economía muestra señales de estabilización, la tensión social sigue creciendo. El gobierno sostiene que el sacrificio es necesario; los sectores golpeados, en cambio, exigen una corrección más equitativa del rumbo.
