Ciudad del Vaticano. – El próximo cónclave para elegir al sucesor del papa Francisco se perfila como uno de los más impredecibles de la historia reciente, en gran parte por las reformas estructurales impulsadas por el actual pontífice, que han transformado el perfil del colegio cardenalicio.
Lejos de las antiguas tradiciones que favorecían a figuras europeas —particularmente italianas—, Francisco ha descentralizado el poder eclesial al otorgar el capelo cardenalicio a representantes de regiones antes marginadas como Tonga, Haití y Papúa Nueva Guinea, lo que ha diversificado los votos y complicado cualquier predicción.
El viejo dicho vaticano “quien entra al cónclave como papa, lo deja como cardenal” cobra nueva vigencia. En el cónclave de 2013, el italiano Angelo Scola era considerado favorito, tanto que algunos medios lo anunciaron anticipadamente como electo. El humo blanco, sin embargo, trajo a Jorge Bergoglio, hoy conocido como Francisco.
Esta vez, el escenario es aún más complejo. Aunque la mayoría de los “papables” han sido creados por Francisco, solo unos pocos reúnen las condiciones de liderazgo moral, experiencia global y personalidad que requiere el trono de San Pedro. Además, la edad jugará un papel importante, como en elecciones pasadas, donde se priorizó pontificados más breves.
La Iglesia católica se encuentra ante una elección crucial para su futuro, y el próximo papa será reflejo de un mundo eclesial cada vez más plural y descentralizado.
