SEÚL — En un hecho sin precedentes que ha sacudido los cimientos de la política surcoreana, la Corte Constitucional de Corea del Sur destituyó este viernes al presidente Yoon Suk-Yeol tras un juicio político que marcó el fin de una de las crisis institucionales más graves del país en las últimas décadas.
El fallo, emitido de manera unánime, se produjo más de tres meses después de que la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, votara a favor de iniciar el proceso de impeachment. Ahora, el país se prepara para celebrar elecciones nacionales en un plazo máximo de dos meses.
La caída de Yoon se precipitó tras su controvertida decisión del pasado 3 de diciembre de declarar la ley marcial y enviar tropas al Parlamento, en un intento fallido por forzar la aprobación de su decreto ante un estancamiento legislativo. Según testimonios en audiencias públicas, Yoon habría ordenado retirar físicamente a los legisladores para evitar la votación.
Lejos de ceder, los parlamentarios lograron acceder al recinto y votaron unánimemente para anular el decreto, lo que derivó en su enjuiciamiento político el 14 de diciembre por violar la Constitución, suprimir las funciones del poder legislativo e intentar silenciar a la oposición.
La reacción ciudadana ha sido intensa. En una concentración masiva frente al antiguo palacio real en el corazón de Seúl, miles celebraron entre lágrimas, cánticos y bailes la decisión del tribunal. La sociedad, profundamente polarizada desde la crisis, ahora se enfrenta al desafío de sanar sus divisiones.
Con la presidencia vacante, todas las miradas apuntan a Lee Jae-myung, líder del Partido Demócrata, quien según las encuestas lidera la intención de voto para convertirse en el próximo jefe de Estado.
Mientras el país entra en una fase de transición política sin precedentes, analistas advierten que la inestabilidad podría prolongarse debido a las movilizaciones de los seguidores de Yoon, que aún mantienen vivas sus protestas en las calles.
